Tawakkol Karman: activista, periodista y musulmana practicante

La historia de una mujer que ha decidido luchar, ante y por encima de todo, por la libertad de expresión.

La “madre de la revolución” tiene una impecable sonrisa y la usa todo el tiempo. No escatima en selfies para sus seguidores, y vaya que los tiene. Se trata de la primera mujer árabe en recibir el Premio Nobel de la Paz (2011) y también la más joven hasta que en 2014 Malala lo recibiera con 17 años.

Difícilmente se adivina que tiene 40 años porque destaca la lozanía de su tez y una blanquísima sonrisa que usa como tarjeta de presentación sin importar el idioma en el que vaya a ser entrevistada. Tampoco hay arrugas que delaten los más de 15 años en el periodismo y activismo que la han llevado a recibir intimidaciones y hasta amenazas de muerte. Su rostro aparece enmarcado por uno de sus hermosos hiyab, de sedosa textura y colorido estampado.

El gobierno tiene que hacer muchas cosas. Tiene que detener estos crímenes y detener la corrupción”

Recién pasan de las 9 de la mañana en Mérida y, en el segundo día de actividades de la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz, la agenda de Tawakkol Karman hace rato que comenzó.

En inglés y con buena disposición, saluda al equipo de LM que prepara la entrevista en exclusiva. Le pido que nos avise cuando esté lista y me dice que ya lo está pero continúa llamando a su asistente: “Hamed, Hamed”, repite y le pide algo en árabe.

“No es mi primera vez en México pero sí lo es en Mérida. Estoy muy feliz de estar aquí. Amo a la gente mexicana”, cuenta para ir tendiendo puentes en la conversación. Karman nació y creció en Yemen, el más pobre de los países del mundo árabe, donde más de la mitad de la población vive con dos dólares o menos al día y un tercio padece hambre. En ese difícil contexto, Tawakkol, hija de un abogado y político, decidió terminar estudios superiores siendo mujer en un país árabe musulmán, optó por el periodismo como profesión y, junto con otras colegas, fundó en 2005 el grupo Mujeres Periodistas sin Cadenas para tratar de incentivar la libertad de expresión, y con ello los derechos democráticos en su país. En ese tiempo Ali Abdullah Saleh llevaba en el poder desde 1990, cuando Yemen del norte y del sur se unificaron.

“No puedo irme sin ver las pirámides”, “México es mucho más que la violencia de la que hablan las noticias”, “Estoy muy a gusto en México: me gusta el país y su gente. Deseo que pronto se fortalezcan y puedan solucionar sus problemas”. Quizá porque nos encontramos en Mérida, la ciudad más segura de México, la laureada con el Nobel de Paz en 2011, parece estar contagiada de un enorme entusiasmo sobre lo que le puede esperar en el futuro a nuestro país y no es por falta de información porque, asegura, ha leído y escuchado mucho sobre los problemas de violencia, drogas y crimen. “El gobierno tiene que hacer muchas cosas. Tiene que detener estos crímenes y detener la corrupción”, instruye como receta, tomando en cuenta su experiencia en Yemen.

PERIODISTA, MUJER Y MUSULMANA

Nació en enero de 1979, justo cuando su país se encontraba en una guerra civil entre Yemen del Sur, convertido entonces en el único estado árabe comunista, y Yemen del Norte, monárquica y de influencia saudí. Ella es hija del país árabe más pobre pero también del que ha tenido más influencia ideológica de izquierda. Fue hasta 1990 cuando logró unificarse la República que se conoce ahora, pero la convivencia entre ambos estados no ha sido fácil y desde ese momento y hasta 2012 (tras las revueltas de la Primavera Árabe) un solo hombre estuvo en el poder.

Tawakkol Karman está segura que el islam no es responsable de la privación de los derechos de la mujer; son las malas interpretaciones que muchos han hecho del Corán las que han segregado a la mujer en gran parte del mundo árabe. Ha hablado de ello en numerosas entrevistas, dejando claro que seguirá portando hiyab porque para ella significa un alto grado de pensamiento y civilización. Eso sí, desde el 2004 cambió el oscuro niqab, el velo negro que solo muestra los ojos, por el colorido hiyab que muestra el rostro completo pero oculta el pelo en su totalidad.

La lucha de Karman es mucho más profunda que la vestimenta. Es una lucha por la libertad de expresión y la democracia. Porque la una siempre va con la otra. Desde 2007 y hasta 2010, estuvo a la cabeza de manifestaciones y plantones en la plaza Tahrir en Saná, la capital de Yemen. En 2011 participó activamente en la llamada Primavera Árabe cuando su país se sumó a las protestas contra los regímenes dictatoriales de varios países árabes y ese mismo año mereció el máximo galardón posible en la lucha por la paz: el Nobel.

“ES IMPORTANTE QUE LOS MEXICANOS SEPAN”

La traductora del árabe al español aparece justo cuando estamos por terminar la entrevista. Me alegra no haber tenido intermediarios en nuestra conversación aunque quizá en árabe ella se habría sentido más cómoda. Aún así, antes de terminar, Tawakkol Karman explica la situación de Yemen para el público de LM y para todos los mexicanos: “Es muy importante que sepan lo que ocurre en Yemen y en todos los países que vivimos la Primavera Árabe. Hay países en la región que hicimos una gran revolución contra los dictadores y es a lo que llamamos ‘nuestra primavera’. Comenzó con cinco países: Siria, Libia, Egipto, Yemen y Túnez. Luego se unieron Sudán y Argelia. Pudimos forzar a los dictadores a dejar el poder”, dice con orgullo evidente y continúa; “Ese fue el primer paso. Pero luego vino la contrarrevolución liderada por los saudíes (Arabia Saudita), por los Emiratos (Árabes Unidos) y por Irán. Han hecho la contrarrevolución contra nuestros países (los de la Primavera Árabe) porque no quieren que nos democraticemos y fortalezcamos”.

Contrarrevolución son los bombardeos de Arabia Saudita sobre blancos yemeníes. Contrarrevolución es el otoño islamista que vino después, como respuesta violenta. “Ha sido muy fuerte la contrarrevolución contra nosotros y tiene muchas caras. Cuando tú escuchas hablar sobre terrorismo, tienes que saber que hay un vínculo entre terrorismo y dictadores. Lo usan para generar miedo al occidente y al cambio”. La contrarrevolución también es la militarización, el corte de suministros al que en este mismo momento se enfrentan. “En mi país la contrarrevolución tiene muchísimas caras. Pero estamos enfrentándolas, vamos a continuar nuestra revolución y no vamos a detenernos hasta que consigamos nuestra libertad, nuestra dignidad”, decreta.

En mi país la contrarrevolución tiene muchísimas caras. Pero estamos enfrentándolas, vamos a continuar nuestra revolución y no vamos a detenernos hasta que consigamos nuestra libertad, nuestra dignidad”

A LA SOMBRA DEL GIGANTE PETROLERO

Yemen comparte una característica con México: está al sur de una gran potencia. Justo debajo de Arabia Saudita; debajo metafórica y geográficamente porque, aunque es el único estado republicano de la península, el yugo militar y político al que este país ha estado sometido, por el gigante petrolero, ha sido una constante. Además del jaloneo entre Gran Bretaña y la propia Arabia Saudita por el control de este estratégico territorio que significa una salida al Mar Rojo y el salto a África.

Cuando le pregunto si, con toda proporción guardada, existen similitudes entre el sometimiento militar y económico, en el que vive Yemen, por parte de los Emiratos Árabes Unidos, Irán y Arabia Saudita con lo que vive México en su relación con Estados Unidos, ella evita comprometerse y usa su inglés con marcado acento árabe: “la violencia debe ser enfrentada con la no violencia y para ello necesitamos convencer a la gente y eso requiere mucha política por parte del gobierno, pero también de organizaciones independientes y de la gente misma”. Después, explica una difícil ecuación para la paz en la que los civiles no deben tener acceso a armas y solamente el Estado habría de tener derecho a usar la fuerza pública, siempre y cuando el Estado no sea una dictadura.

Después de 15 años de activismo y ocho de que ganara el Nobel de Paz, Tawakkol Karman reflexionó para LM sobre lo que vive nuestra región latinoamericana: “Desafortunadamente, Estados Unidos tiene muchos intereses aquí. Y no solo ellos, también otros países, como China. Además de muchas compañías trasnacionales que no se preocupan por el bienestar”.

Se acerca un joven con gafete de voluntario y con una señal, en la que sus dedos cortan imaginariamente su cuello; se acabó el tiempo. Tawakkol Karman apura su última idea: “Sobre lo que está pasando en América Latina… lo que hemos aprendido en nuestra primavera es que a ellos, los poderosos, no les importan los valores, les importan sus intereses y para ello hacen alianzas”.


Por Mariana Anzorena Lozoya

Ilustración Jesús Sánchez